Varias veces por semana, después de un bailecito sugerente, el Chango queda deliciosamente desnudo. Me mira cómplice y me dice alguna frase irresistible, como “Acá está tu changuito, bebé“, o “Vení para acá, mi taponcito irresistible, mirá todo lo que tengo para vos“.

Y yo me lleno de alegría y adrenalina por la anticipación, como cuando estoy eligiendo los gustos del helado, o como cuando está por salir una revista en la que hay una nota mía.

¡Por fin llegó la hora!

Algunos lectores creyeron que la sensual novedad era el libro de Pájaro en mano, otros se inclinaron por que inauguraríamos una sección sobre sexo (sugerencia anotada), y los más osados imaginaron que el Chango y yo estamos en la dulce espera, o que nos decidimos a dar el sí en algún registro civil húmedo y mal pintado.

Pues no, pueden respirar tranquilos.

La sorpresa que les tenía preparada es que ¡Pájaro en mano se muda de
sitio!

Así, es, de ahora en más voy a escribir sobre mi infinito amor por el Chango que anoche se quiso acostar con la ropa que usó para jugar a la pelota en http://www.masvalepajaroenmano.net, un sitio nuevo, con muy lindos colores y un diseño encantador.

La dirección es más que fácil así todos los changos y changas pueden aprendérsela. Les pido que actualicen sus blogrolls y sus readers (muy importante) y los espero allá.

Me voy a poner el lavarropas.

Como cuando el Chango se desviste lentamente, empezando por las medias de toalla que liberan a los pies con uñas como púas para seguir por el jogging con rayas a los costados que deja a la vista las piernas musculosas y velludas y continuar por la remera del maratón Carrefour que descubre las curvas más convexas y tentadoras y sugiere que algo verdaderamente bueno está por venir, este post es para avisarles, queridos lectores, que se vienen grandes cosas en Pájaro en Mano.

¡No cambien de canal (todavía)!

Todas las rupturas son difíciles.

Primero romper con mamá, darnos cuenta de que ya somos mujeres adultas y podemos tomar nuestras propias decisiones.

Después romper con la gente que nos hace mal pero a la que estamos acostumbrados o con un trabajo que sólo nos trae problemas, para enfrentarnos a una nueva búsqueda.

Y romper con una carrera universitaria que nos tiene a mal traer hace años, nos harta y nos llena de desidia.

O romper con vicios como las gomitas o los pancitos saborizados y entregarnos a las lechugas y los jugos en polvo sin azúcar.

Y ni hablar de una relación amorosa que nos ahoga, nos apaga, pierde sabor y se convierte sólo en un puñado de actividades sistemáticas que encaramos bajo el axioma “es porque nos amamos”, que junta polvo en un estante de la cocina hasta que decimos basta.

Todas las rupturas implican cambios, y todos los cambios dan miedo, nos generan ansiedad e incertidumbre.

Pero aún así le ponemos el pecho a las balas, y después de mucho meditar, luego de noches de vigilia para pensar con desesperación qué es lo que debemos hacer y qué es lo mejor para nosotros, finalmente nos decidimos.

Y rompemos.

Bueno, las cosas no iban bien. No me sentía cómoda hablando con él de mis problemas. La comunicación no fluía. Éramos dos extraños sólo unidos por cuestiones pragmáticas. A mí me quedaba cómodo y a él le convenía económicamente. No más que eso.

Ya no tenía ganas de verlo, ni de hablar con él. Estaba cansada de sentir que le estaba abriendo mi alma a una pared, que a él no le importaba nada de lo que me pasara y que sólo buscaba pasar el rato.

No tenía sentido seguir. Le dije que había aprendido mucho a su lado pero que él ya no estaba en mi futuro. Que ya había sido suficiente y que nada había cambiado desde que empezamos a vernos, y yo ya no tenía más tiempo para darle.

Él me dijo que no me precipitara, que no tomara decisiones en un estado tan emocional, que no entendía mi actitud, que siempre me voy de todos lados, que no sabe de qué me estoy escapando, que reflexione.

Pero yo no lo escuché. La decisión estaba tomada y la ruptura no tenía vuelta atrás.

Ayer corté con mi terapeuta.

Como dice Mirtha, el público se renueva, y ayer en los comments leí que una lectora pedía un test para evaluar el coeficiente de changuismo de su novio.

Pues bien, para ella y para todos nuestros nuevos lectores llega la segunda edición del Test del Chango.

¡Respondé estas sencillas preguntas para descubrir tu potencial como concubino y tu parecido con el Chango!

1- Cuando te enfermás
a)
Vas al médico.
b) Tomás ibu 400 y tecito Vick.
c) Llorás, llamás a tu chinita a los gritos desde la cama, te quejás todo el tiempo, no la dejás salir porque, claro, se tiene que quedar a cuidarte,  tomás sólo 7up porque tu abuela te dijo que hacía bien, mirás tele y dormís 27 horas.

2- Van a comer a un restaurant. Pedís:
a)
Wok de camarones
b) Raviolones de pollo con salsa scarparo
c) De entrada unas muzzarelitas, pollo al verdeo, unas fritas, un brownie con helado. Te bajás la panera y te tomás tres cocas.

3- ¿Dónde guarda tu concubina las toallas?
a) En un armario del pasillo, donde también están los jabones y el papel higiénico.
b) Cuando necesito una toalla se la pido a ella, por las dudas.
c) No sé, yo dejo las sucias en el piso del baño y al rato aparecen unas limpias colgadas, como en los hoteles.

4- ¿Cómo se hace una milanesa?
a)
Paso la carne (cortada para milanesas, nalga o bola de lomo) por huevo batido con alguna hierba, y después por pan rallado. Luego las horneo hasta que estén doraditas.
b) Las compro hechas en la carnicería y las mando al horno.
c) Es re loco. Digo “¡Qué ganas de comer milanesas!“, y a la noche hay.

5- ¿Cuán seguido lavás los platos?
a)
Siempre, no me cuesta nada.
b) Si ella cocina, yo lavo, aunque a veces la dejo hacer las dos cosas.
c) Cuando la cara de orto de la jefa me lo indica. Por ejemplo los lavé para su cumpleaños y una vez en agosto 2007.

6- Tu domingo perfecto consiste en:
a)
Dormir hasta las 10, hacer un brunch tranqui y dedicar la tarde a leer. Tipo 7 ir al cine y después comer algo rico en un restó piola.
b) Fideos caseros en lo de la vieja y hacer la digestión en el sillón hasta las 5 de la tarde.
c) Facturas y el diario en la cama, ravioles en la cama, siesta en la cama, película en la cama, p*te en la cama.

7- ¿Cuál es el programa preferido de tu concubina?
a)
Ugly Betty los miércoles a las 21 y a veces Grey’s Anatomy de Sony,  más los clásicos como Seinfeld. También ¡No te lo pongas! en home&health, o algo de El Gourmet… mira un poco de todo.
b) Mayormente miramos series juntos y después las comentamos.
c) Qué casualidad, ¡a ella le gusta justo todo lo que yo miro, de hecho siempre me deja el control remoto!

>> Resultados

Mayoría de respuestas a): 0% Chango
Sos un tipo fuera de lo común. Tu concubina jamás te va a dejar ir, aunque corrés el riesgo de que, harta de tanta perfección, te engañe con un plomero fogoso y carnívoro que le mande mensajes de texto con groserías.

Mayoría de respuestas b): 50% Chango
Sos bastante normal. El balance perfecto entre masculinidad moderna y masculinidad clásica. Le gustás tanto a las chicas de barrio como a las jóvenes profesionales. Usás camisas de colores claros y te estás quedando un poco pelado, pero si te dejás la barba de tres días las chicas te miran con otros ojos.

Mayoría de respuestas c): 100% Chango
¡Felicitaciones! ¡Sos re chango! Sos un monstruo infame y le complicás la vida a tu mujer, que encima de laburar como una mona te tiene que cuidar a vos. Lo bueno es que a ella le encanta y siempre, siempre te va a hacer esos sanguchitos tostados que tanto te gustan. Ni te molestes en cambiar, porque si sos demasiado autosuficiente, ella va a pensar que ya no la necesitás y que seguro la estás cagando.

011220083851 Chicos, ¡ya salió la revista  Oh la lá de diciembre!

En este número hay un montón de notas deliciosa, casi morbosamente femeninas pero la que más les recomiendo es:

Descorche empresarial
Cómo disfrutar de las fiestas corporativas sin arruinar tu reputación

Ya está. Ya recibiste el mail con la invitación. Dentro de quince días es la fiesta de fin de año de la empresa y se te vienen a la memoria escenas memorables. Como cuando tu jefe le propuso casamiento a su asistente adelante de su esposa y las dos terminaron a los bifes. O cuando una de las contadoras le bajó los pantalones al de servicio técnico en medio de la pista de baile y dejó a la vista un slip bordó con arabescos. O cuando una loca descontrolada agitó una botella de champán y empapó a todas las gerentas como si hubiera ganado una carrera fórmula 1… Ah… cierto, esa habías sido vos.  ¿Te estás preguntando si hay alguna manera de zafar? La respuesta es no.

El resto, que se pone cada vez mejor, lo pueden leer en la revista impresa o en unos días en la web de  Oh La Lá!

El Chango siempre dice que lo seduce cuando una mujer come con gusto y sin culpas. Dice que alguien que puede disfrutar de una grande de muzza será igualmente capaz de disfrutar del sexo más apasionado.

Y creo que tiene razón. Los hidratos de carbono son un pasaje directo a un placer absoluto, igual de primitivo que el coito o una felación.

Cuando comemos, todos nuestros sentidos se fusionan para provocarnos las sensaciones más intensas, más emotivas. De la misma manera, cuando tenemos sexo comprometemos nuestro cuerpo entero en un sinfín de movimientos mágicos que ponen en juego caricias, aromas, sabores, suaves sonidos, sombras sugestivas.

Para que se den idea de cómo es el Chango en la intimidad, me basta con describir cómo fagocita un alfajor cachafaz de los que conseguimos en cualquier kiosco.

1- Coloca el alfajor durante 15 minutos en la heladera. Esto le dá una textura más consistente y un sabor sutil y refinado, además de evitar pegotes en los dedos del comensal.
2-
Lo retira de la heladera y lo coloca, sin papel, en el centro de un platito de postre. Toma un chuchillo y se sienta a la mesa.
3-
Posiciona el alfajor de manera vertical, como si fuera una rueda de delicioso chocolate.
4- Procede a rebanar una de las tapitas con total cuidado y la come de a poco, saboreando cada bocado.
5-
Repite la operación con la tapita restante con la precisión de un cirujano. Se asegura de estar retirando con este procedimiento la mayor cantidad de masa posible y come, ahora con un poco más de excitación.
6-
Se pasa la lengua por los dientes para retirar los rastros de masa y chocolate y se chupa los dedos por la misma razón. Lame el cuchillo.
7- Ha llegado el momento. En el platito sólo hay un disco sólido de dulce de leche alfajorero. Murmura “hmmmbebéeee“. Lo toma entre sus dedos, lo huele y lo mira con devoción, hasta que finalmente le da un mordisco. Suspira y gime despacio mientras el manjar se derrite en su boca. Continua hasta terminar. Gime nuevamente. Sonríe.
8- Después de unos instantes, suele volver a la heladera en busca de otro alfajor, porque con uno no le alcanza. Repite desde el paso 2.

Y si, señores. El chango es un hombre que le pasa el pancito a la vida.

Brindo por él.

Siempre consideré que una pareja debe ser un refugio. Un espacio donde podemos ser nosotros mismos sin que nos juzguen, y sentirnos protegidos, cuidados.

En ese sentido, nuestra pareja tiene que saber contenernos, consolarnos y ser capaz de decirnos la palabra justa en el momento indicado. Tiene que ser la cara que vemos cuando nos volteamos porque no sabemos si está bien el camino que estamos eligiendo, y la persona que nos da ese empujoncito que necesitamos para salir adelante.

Y en eso, la verdad que el Chango es… eh… maravilloso.

Chango:
¿Qué te pasa, amor? Veo que no me compraste los alfajorcitos… ¿Estás bien?
Elena:
No, estoy de mal humor.
Chango:
¿Qué pasó? Contale al Changuito
Elena:
Nada, nada, dejame.
Chango:
Daaaale, contame, ¡con total confianza, eh!
Elena:
Bueno… nada… me encontré con una compañera de la primaria en el facebook, eso.
Chango:
¡Pero eso está bueno! ¡Qué flash!
Elena
No, no entendés. El facebook nos está jodiendo la vida, está desafiando al orden natural de las cosas. ¡Lo normal es que uno no vuelva a cruzarse con esa gente para no deprimirse cuanto se entera de sus logros! Mirá, esta piba tiene mi edad y estudió lo mismo que yo. Vive en Europa, es ejecutiva de una multinacional, viaja todo el tiempo, está casada con un muchacho que tiene una empresa constructora, tiene una nena de dos años, y es propietaria de una casita en el campo. Propietaria, entendés, y viaja. Y sabés qué me dijo, me dijo “te dejo que me tengo que subir al avión”. ¡Ella se subía al avión mientras yo miraba TN en jogging! Lo peor de todo es que está flaquísima. Yo hice todo mal. Todo. Mal.
Chango:
Bueeeeeno, mi amor, pero pensá esto. Si ella tiene 26 años y ya tiene la vida totalmente armada, lo que le queda son décadas y décadas de rutina. Vos, en cambio, a esta edad todavía no sabés a dónde vas, no tenés tu carrera encaminada, ni un trabajo muy estable, ni sabés dónde vas a estar viviendo dentro de un año, y tampoco tenés un “plan”… ¡Tenés todo por delante! ¡Años de aventuras! ¡Te puede pasar cualquier cosa! Disfrutá, mi amor, y si no, estoy yo para contenerte.
Elena:
… gracias, la verdad no sé qué haría sin tu grandísimo apoyo.
Chango:
¿Estás siendo irónica?
Elena:
Digamos que reconozco tu buena intención.
Chango:
Me alcanza. Ahora, esos alfajorcitos…
Elena:
Ya vengo.
Chango:
¡Esa es mi mujer!

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