Ya dijimos en alguna ocasión que cuando uno tiene una relación con alguien, también la tiene con toda su familia. Pues bien, a eso hay que sumarle los amigos.

Los amigos de nuestra pareja son sus seres más queridos. Con ellos comparten aventuras y desventuras y, sobre todo, con ellos hablan de nosotras y de vaya uno a saber qué guarangadas dignas de censura.

Es de suponer, entonces, que echándole una miradita a este grupo de muchachos y muchachas podremos sacar unas cuántas conclusiones acerca de nuestro hombre.

Yendo a lo concreto, el chango vive en general rodeado de profesionales trabajadores, intelectuales, músicos, escritores, periodistas, y muchas detestables mujeres curvilíneas y sensuales. Nada de esto me causa sorpresa, ya que con cada una de esas personas tiene algo en común, comparte algún
interés, realiza hace una actividad específica -jugar a la pelota, comer asado-, o quiere tocarle alguna parte concreta del cuerpo -tetas, culo-.

El tema es que hay dos especímenes rarísimos que figuran entre los amigos de mi concubino y no entiendo cómo puede ser.

>> El motochorro

Ok, bueno, El Gonza no anda en moto sino en bici, pero nadie me va a sacar de la cabeza que el pibe es amiguísimo de lo ajeno.

En primer lugar basta con verle la bici, que cada semana es diferente, pero además cambia el celular cada 5 días y usa zapatillas Nike PindongEffect3000 Limited Edition de 500 pesos.

El chango lo conoce al Gonza desde que ambos tenían seis años porque son del mismo barrio y jugaban a la pelota juntos, pero no sabe de qué trabaja. Lo cierto es que siempre anda en jogging, regala productos de electrónica y tiene el 80% del día libre, aunque si lo llamás de noche nunca está.

Y por si todo esto fuera poco, el otro día ví algo que me confirmó que mi futuro marido es íntimo de un malviviente:

Era el cumpleaños de once de uno de los sobrinos del chango, y el Gonza, que es además muy amigo de mi cuñada, cayó con un regalito a la fiesta. Era un mp3 de esos que también son pendrive. Sin caja, con los auriculares ya puestos y sin la tapita que cubre normalmente el USB. No quiero pecar de paranoica, pero me pareció que tenía, además, algunos rayones. Mi sobrino lo recibió excitadísimo y después de 4 minutos de minucioso análisis, exclamó feliz:

-¡Está buenísimo! ¡El mp3 que me trajo el tío Gonza ya viene con los temas cargados!

>> El empresario

Rodolfo tiene 55 años y es gerente de algo en una aseguradora líder del mercado. Estudia inglés en el mismo instituto que el chango, juega al golf, es divorciado con tres hijos, sale con las “acompañantes” más costosas y viaja mucho “al exterior”.

Este hombre de cabello entrecano es experto en “finanzas” y “negocios”, aunque nunca supimos bien bien qué tipo de finanzas ni qué tipo de negocios. Cada tanto nos invita a comer a algún restó de Puerto Madero y nunca paga, porque “lo invita la casa”.

Nos lleva y nos trae en un Audi plateado sin patente, nunca le cobran el estacionamiento y siempre putea contra el gobierno, al que considera “un grupo de gronchos que no quiere que el país crezca”. De hecho, su latiguillo es “al gobierno no le gusta que a la gente le vaya bien”.

Todo bien con que sea un mafioso de pito corto (digo, por el Audi), pero el viernes pasado lo pasé a buscar al chango por inglés y cuando salió Rodolfo y se fue a buscar el auto, juro que me pareció que dos tipos lo estaban esperando y lo siguieron.

¿Debo preocuparme? ¿Qué tienen estos indeseables en común con mi novio? ¿Por qué son amigos? ¿Todos los novios tienen amigos así? ¿Es inevitable? ¿Tengo que ser amiga de ellos yo también?