Concubinar no es sólo abrazar a un osito cariñoso a la noche, mirar películas en el sillón o no tener que depilarte tan seguido porque él te quiere igual. Tampoco consiste simplemente en leer juntos el diario el domingo a la mañana, elegir entre los dos un revistero o hacer una excursión al barrio chino el sábado a la tarde para comprar un vino de arroz que nunca vas a usar.

Vivir con un hombre es un desafío para el que sólo las más fuertes y aventureras de nosotras estamos preparadas, porque ni siquiera es suficiente redoblar los quehaceres domésticos para mantenerse al día con la mugre que él genera, ni alcanza con aguantarse las ganas de carajear a la suegra cuando desliza al pasar que no sabés plancharle la camisa al nene.

El concubinato es una tarea faraónica que requiere paciencia, profundo amor y sobre todo muchísima rapidez mental para resolver las más diversas situaciones generadas por nuestro príncipe azul.

Una concubina eficiente sabe, en primer lugar, que es inútil quejarse, insultar y patalear. Prefiere, en cambio, invertir el tiempo en resolver, gestionar y administrar. Jamás llora sobre la leche derramada, sino que pasa un trapo de piso y se cruza al almacén a comprar otro sachet.

Una concubina eficiente conoce de logística. Sabe dónde están las panaderías, las pizzerías, los negocios de compostura de calzado, las cerrajerías y los kioscos del barrio. Puede cambiar una lamparita o mostrarle el escote al encargado para que lo haga él -según el estilo de cada una- y conoce algunos principios básicos plomería, o tiene un ferretero amigo que le explica en 5 minutos cómo cambiarle el cuerito a la canilla.

Y, sobre todo, una concubina eficiente siempre tiene el celular prendido, para poder recibir y solucionar llamados como estos:

1 – Estás en un curso que dura hasta las 22:

- ¿A qué hora venís? Mamá y las tías están por llegar y no hay nada para comer… ¿Dónde estás? ¿Te olvidaste de que venían?
- … ¿Vos me avisaste de esto exactamente CUÁNDO, AMOR?
- Ah, por ahí me olvidé, bueno, no importa entonces comprá algo por ahí pero apurate que llegan en 15, y acordate que mañana es el cumpleaños de la tía Lily ¿Qué le compraste, así se lo damos hoy?

>> Qué hace la concubina eficiente:
La concubina eficiente siempre tiene 1 kg. de milanesas y dos prepizzas freezadas. La salsa y el queso también se pueden freezar (”freezar” viene de “freezer” así que se escribe así). Además, es útil tener una botella de vino bueno para regalarle al suegro o brindar por algo importante, y un dulce casero, un licorcito o unos alfajorcitos cordobeses rellenos con dulce de frutas para obsequiarle a la tía Lily.

2- Caminás a los saltos por la calle. Tenés 15 minutos para llegar al turno con el ginecólogo y encima te toca la colpo:

- Me bañé y no tengo calzoncillo limpio. ¿Me comprás?
- Decime el talle.
- ¡¡Qué se yo!! ¡El de siempre!
- ¿Cómo voy a saber? ¿Y cómo hacías antes para comprarte calzoncillos si no sabés qué talle usás?
- ¡No me acuerdo!
- Bueno, agarrá uno de los sucios y decime el talle.
- No puedo, están todos colgados en la terraza y sabés que no me puedo poner pantalón sin calzoncillo… No me compres rojo que no me gusta.

>> Qué hace la concubina eficiente:
La concubina eficiente aprendió de sus dos abuelas que siempre hay que tener una muda de ropa extra para los chicos y guarda, entonces, un boxer nuevito en un cajón de la mesa de luz para cualquier emergencia. Tampoco está demás tener unas medias para sacar de la galera cuando al señor se le da por hacer deporte y usa tres pares por día.

3- Te acabás de subir al bondi y tenés 45 mins de viaje:

- ¡Hola amorcit…!
- ¡Rápido! ¿Dónde está la llave de paso?!?! ¿¿DÓNDE ESTÁ?!?!?!? ¿¿¡¡No hay trapos en esta casa?!?! ¿¡DÓNDE HAY TRAPOS?!

>> Qué hace la concubina eficiente
Se toma un rivotril.