El otro día escuché una conversación telefónica entre uno de mis amigos y su concubina. No sé qué le estaba contando ella, pero por toda respuesta obtuvo una combinación de “¿Y?”, “¿Entonces?” y “¿Para qué me contás esto?” que me llamó mucho la atención.
Cuando le consulté, él me explicó que otra vez su novia le estaba taladrando la cabeza con no-noticias.
¿Qué son las no-noticias? ¿Por qué irritan? ¿Es que los hombres no saben escuchar o somos nosotras las aburridas? ¿Cómo las identificamos? Ahondemos en el tema.
>> Puro Bla Bla
Las no-noticias, definía mi amigo, son comentarios de escasa relevancia y nulo interés que las mujeres parloteamos incesantemente cual loritos fuera de control y que en el 90% de los casos fastidian a los hombres hasta el límite de lo soportable.
A simple vista notamos dos problemas:
En primer lugar, como normalmente estamos convencidas de que nuestro relato es apasionante, nos ofendemos cuando nuestro interlocutor no formula respuesta alguna y es muy usual que se desencadenen algunas discusiones del estilo “vos nunca me escuchás cuando te hablo” o “en esta relación yo estoy pintada, estoy cansada de que me ignores“. Esto confunde y desconcierta a nuestro sujeto, que hasta ese momento estaba sentado mirando el catálogo de Sony tranquilamente.
Por otra parte ¿por qué nunca se quejan? ¿No creen poder tener conversaciones profundas y llenas de significado con nosotras? ¿No vale la pena intentarlo?
Aparentemente, estimadas, ocurre que al final del día nuestra voz tiene el mismo impacto en nuestro muchacho que el zumbido de la heladera o el ruido del lavarropas centrifugando: lo oyen, pero no tienen idea de qué es.
>> Algunos ejemplos de no-noticias
Para solucionar este dilema que, según descubro, aqueja a la mayoría de las parejas, es necesario que identifiquemos qué tipo de narración constituye una no-noticia. Veamos algunos ejemplos:
1- “¡Estoy tan cansada! Hoy quería comprar harina integral para hacer un pan multicereal y fui al chino pero no había, y después iba a ir a coto pero estaba tan lleno de gente que al final no fui y encima caminé como veinte cuadras. Iba a comprar uno en la dietética pero cuando llegué ya estaba cerrado”.
Esto es una no-noticia porque no importa en lo más mínimo que hayamos querido comprar la harina. Ellos no tienen el pan sobre la mesa, ni tampoco un tarro con dulce casero para el caso, así que el periplo supermercadil les resulta completamente irrelevante.
2- “Me quiero comprar unas botas, pero no sé… ¿de caña alta me conviene? Porque yo no uso pollera. ¿Vos pensás que yo podría usar pollera? Maru tiene una buenísima pero es violeta, tendría que ir con unas botas negras o violetas. ¿Qué hago, me compro unas botas violetas? Ah, no sabés, hoy mi vieja tenía puesto un sweater pre-cio-so, tejido grueso con todalaonda re ochentoso…¡Con unos botones cuadrados divinos grises! ¿Y botas grises? ¿Te gustan las botas grises?”
Aquí no sólo estamos ante la presencia de una no-noticia, sino que caemos en el terrible error de pretender una respuesta por parte de nuestro hombre acerca de un tema tabú como lo es la moda. Ellos a duras penas saben la diferencia entre un pantalón de vestir y un jogging así que es inútil pedirles que identifiquen colores como el “petróleo” o el “uva”, o que reconozcan telas como el terciopelo o la pana. Lo único que conseguimos es marearlos.
En este caso es mejor ir con dos opciones muy simples, e indicarles cuál queremos que elijan, a saber: “¿Me compro botas grises o violetas? Las grises van con todo”.
3- “….Entonces José Luis se puso medio mal y dijo que esto no podía seguir así, que todos teníamos que ponernos a laburar por igual, y entonces Pipi se largó a llorar, porque ella esta semana no cumplió las horas y ahora piensa que la van a rajar, ah, porque aparte ahora José Luis está encantado con Andrea, la asistente que empezó hace cinco días y ya se cree la más diosa indispensable, es una atorranta, se viene a la oficina con unas polleritas que no sabés lo que son, todos los tipos la miran y Pipi se quema la cabeza de celos porque… ah, vos sabés que entre ella y José Luis pasó algo hace un tiempo ¿no? ¿Te acordás que te conté?”
Un hombre promedio no sabe quién es Pipi, no se acuerda si José Luis es tu jefe o el encargado del edificio, no puede precisar de qué trabajás ni dónde queda tu oficina, ni se acuerda de nada que le hayas contado en otras ocasiones. Sí puede saber que hay una que tiene buenas gomas y otra que parece que hizo un trío con dos de ahí, pero esa es toda la información que es capaz de retener. Y está perfecto.
Así como todos odiamos que nos cuenten sobre programas de televisión que no vemos, a nadie le importan las historias de gente que no conoce ni vio jamás. Los chismes de trabajo sólo se comentan con gente del trabajo. Con él hablá de Prison Break.
>> El agravante
Me corresponde hacer un gran mea culpa y aceptar que casi todo lo que le cuento a mi concubino cuando llega a casa a la noche entra en la categoría no-noticia.
Sin embargo, si bien me encanta compartir con él miles de narraciones soporíferas y sé que debo agradecer que él las escuche con dignidad, quiero también un poco de crédito.
El chango se crió con su madre, tres hermanas y veinticinco tías así que es un especialista en no-noticias. No en padecerlas, sino en contarlas él mismo, con una vuelta de tuerca típica de su estilo chillón.
Mientras nosotras simplemente enumeramos los hechos porque creemos que son intrigantes per se, él los agranda, los magnifica hasta hacerme creer que esa es la historia más fascinante jamás contada.
Sin ir más lejos, anoche llegó excitadísimo del trabajo y se despachó con esta anécdota:
“¡No te imaginás lo que pasó hoy! ¡Fue LO MÁS! Resulta que estábamos todos tomando café ¿no? y viene Sofía y nos dice ‘Ustedes siempre tomando café, parecen empleados públicos’ y todos se quedaron callados. Y ahi yo agarré y como nadie sabía qué decir dije… escuchá lo que dije, no lo vas a poder creer, dije… estaban todos escuchando porque estaban todos descolocados, porque Sofía trajo ella misma la cafetera el viernes pasado… dije… ’si fuéramos empleados públicos tomaríamos mate, pero como acá nunca hay yerba….’ ¡Y todos se morían de risa MAL!”
>> Justificación y compromiso
La verdad es que si nos limitáramos a decir cosas de interés -para ellos- estaríamos calladas el 80% del día, y yo no puedo estar callada, eso está fuera de toda discusión.
Además, por más intelectual y subyugante que sea una mujer, ninguna escapa al amor por la ropa, los chismes y la expresión oral desmedida.
Sí reconozco, sin embargo, lo mucho que irritan las no-noticias, así que estoy dispuesta a disminuir al mínimo su uso.
Por otra parte, no exijo respuestas ensayísticas. Ni siquiera demasiado coherentes. Con que el chango asienta con la cabeza me alcanza, y me parece un intercambio justo, si consideramos que yo debo prestarle atencion a las peroratas de una hora y media que sostiene con sus amigotes sobre si Riquelme distribuye el juego o es un muerto.
Así que mujeres, si bien no hemos de permitir que nos coarten nuestro derecho a hablar de más y sobre cualquier cosa, debemos tener en cuenta que una feliz convivencia tiene mucho que ver con una relación conversación-silencio eficiente y balanceada.
Las invito.
Las desafío.